martes, 17 de abril de 2012

Arístides

Pasa las horas meciéndose con su gato Arístides sobre las rodillas. Sale la luna y abre la ventana. Ella observa la noche, mientras él sale de jarana. Pasan horas, quizás días, puede que semanas. Ella sigue meciéndose, aunque nadie la vea, y mira con ternura a esa joven que ahora vive en el piso. La nueva inquilina no encuentra el origen de ese crujido acompasado de la madera y se pregunta porqué ese gato famélico vuelve cada amanecer al alféizar y araña el cristal de la ventana cerrada.

Aurora para Triple C

24 comentarios:

  1. Es un texto delicio y a la vez inquietante. El fantasma en la mecedora, y ese gato fiel volviendo a su regazo. Precioso. Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mar, me alegro de que te guste

      Eliminar
  2. Quien sabe si queda algo de nosotros en el lugar que hemos vivido durante toda la vida...

    Me gustó el texto.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Los gatos ven lo que nosotros no. Me gusta Arístides.

    Besos desde el aire

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Rosa, los gatos siempre me han inquietado un poco...

      Eliminar
  4. Queda el gato que sí ve la mecedora. Qué gusto tener una mecedora donde mirar el mundo.
    Precioso relato, Puck. He leído unos cuantos porque no tengo tiempo de pasear cada día por los blogs. Tu jardín es una delicia.
    Abrazos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ana, vamos todos de cabeza con el tiempo, pasa cuando puedas con toda tranquilidad. Siempre habrá una mecedora esperándote o una hamaca entre dos árboles :-)

      Eliminar
  5. La vida contemplativa que no es vida y que se perdió esperando lo que nunca llegó. Es un relato inquietante que abre muchas ventanas y da para especular sobre cómo, quién y qué sucederá.

    Me gustó.

    Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nicolás, jeje me gusta eso de abrir muchas ventanas

      Eliminar
  6. Muy bueno, Puck. Me has dejado pensando. Inquietante micro. Y con una diversidad de lecturas asombrosas.
    Saludos porteños!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bee, gracias... cada cual que vea el gato que quiera... miauuuuu...

      Eliminar
  7. ¿Por que partir si está agusto con su vida contemplativa?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cybr, quizás llegó su hora, quizás se la llevaron, quizás se dejó ir... quizás...

      Eliminar
  8. Quiero llevarme a Arístides, o por lo menos abrirle la ventana :(

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jujeniorobot, bienvenido a los jardines. Me gusta mucho tu manera de verlo. Yo también quiero abrir esa ventana. Gracias por tus palabras

      Eliminar
  9. Me cae bien ese fanstasma, ese gato, este microrrelato. No todo lo que cruje es malo...
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. CDG, jeje qué difícil es interpretar los ruidos...

      Eliminar
  10. Como dice CDG: no todo lo que cruje es malo. Una delicia de texto con ese Arístides tan fiel intentando volver al regazo de su amiga.

    Besitos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Elysa, siempre se piensa en la fidelidad de los perros pero el dibujo me hizo pensar en los gatos. Saludillos

      Eliminar
  11. He tenido que leer el relato dos veces, no llegaba. Ha sido al ver la etiqueta "fantasma", cuando me he percatado: "Aunque nadie la viera". Jope, me has hecho escurrir el tarro. Todo cuadra, luego: problema mío, seguro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ximens.... el problema no es de nadie, a veces falta la conexión... :-) Gracias por pasarte y comentar

      Eliminar
  12. Muy bien entraladas esas dos realidades. Me parece difícil hacerlo bien, y tú lo has hecho. Precioso nombre para un gato.
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Miguelángel, gracias, la verdad es que la imagen me resultó muuuuy sugerente y me llevaba a esos dos mundos

      Eliminar