Cuando empezó a llover hacia arriba, los paraguas dejaron de tener utilidad, las barcas quedaron varadas en la orilla mientras el mar ascendía por los ríos hasta las cumbres montañosas y el cielo se llenó de suicidas.
Hoy ha vuelto a llover hacia abajo. He sacado el paraguas y he ido hasta el muelle a despedir a los barcos. Por el camino he tenido cuidado de que no me cayera nadie encima.