A Pablo Garcinuño por sus Canguingos o patas de peces
Este texto está compuesto con los títulos de "Canguingos o patas de peces", una recopilación de cuentos y microrrelatos que, seguro, no te dejarán indiferente. No deja de sorprenderme la capacidad de Pablo Garcinuño para jugar con la realidad a su antojo y conseguir, siempre sutilmente y con maestría, una crítica irónica, una sonrisa o incluso una carcajada abierta. Domina el espacio corto pero engancha también en el recorrido mas largos de esos cuentos donde los personajes son tan cercanos que acabas pensando que los reconocerías por la calle.
Pinchando en la imagen puedes encontrar el libro en el que Pablo Garcinuño ha reunido parte de su Palabrería en Mal Estado que ya pasó por estos jardines hace un tiempo y de la que ahora os dejo otra muestra para que piquéis y vayáis a pescar Canguingos o patas de peces.
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En paro
Ignoro si Dios ayuda a los que madrugan. A las horas que yo me levanto es el Diablo quien me tiene preparado el café
Baile de cifras
Digan lo que digan, el milagro de los panes y los peces no fue para tanto. Primero pasó la policía por aquel monte cercano al mar de Galilea y su recuento fue claro: cinco panes y dos peces. Después llegaron los sindicalistas y dieron de comer a unos 5.000 manifestantes (cien arriba, cien abajo).
El culo de la Yoli
“¿No te habré despertado, colega?”. Antes de que responda ya has entrado en mi casa y asaltas el frigorífico. Con la boca llena, me confiesas que vienes de casa de la Yoli. Que si te la ligaste en el Ambigú, que si os fuisteis a la cama cuando cerraron, que si “vaya culo que tiene la pava”. Al reírte se te escapan miguitas de la boca. Juraría que todavía estás borracho, pero no digo nada. Me limito a darte una palmadita en la espalda con un “qué cabrón” de admiración. Tú te ríes y detallas los pelos y las señales de la noche, dejando claro que no vas a permitir que ninguna loba te cace de nuevo. Luego te vas luciendo esa sonrisa tuya, tan triste
desde que María te dejó. “Un día de estos, colega, tenemos que irnos de putas porque te estás apolillando”, añades.
Yo vuelvo a la cama e intento encontrar un hueco debajo de las sábanas. Al levantarlas me quedo un rato observándola (continúa dormida). Tengo que darte la razón, colega. La Yoli tiene un culo de muerte.

