Me gusta la nieve. En los países nórdicos le dan mil nombres, pero no la disfrutan como yo. Me gusta porque lo hace todo más fácil. En unos minutos no quedan huellas.
Me gusta la nieve. Por eso soy nómada. Persigo al invierno y le dejo regalos bajo tierra para que no se vaya, para que me deje quedarme aquí un poco más. Pero no hay manera. Dicen que es cosa del cambio climático.
Me gusta la nieve. No hay que limpiar la sangre ni preocuparse de otros mil detalles desagradables. Ella lo hace todo. De repente miras atrás y vuelve a ser un plácido y bucólico terreno nevado.
Me gusta la nieve, aunque le he descubierto una carencia. Es silenciosa. Demasiado silenciosa y no consigue quitarme esa estúpida cancioncilla de la cabeza.
*Para saber cuál es la cancioncilla tendrás que ir a los Viernes creativos de Fernando Vicente
Me gusta la nieve. Por eso soy nómada. Persigo al invierno y le dejo regalos bajo tierra para que no se vaya, para que me deje quedarme aquí un poco más. Pero no hay manera. Dicen que es cosa del cambio climático.
Me gusta la nieve. No hay que limpiar la sangre ni preocuparse de otros mil detalles desagradables. Ella lo hace todo. De repente miras atrás y vuelve a ser un plácido y bucólico terreno nevado.
Me gusta la nieve, aunque le he descubierto una carencia. Es silenciosa. Demasiado silenciosa y no consigue quitarme esa estúpida cancioncilla de la cabeza.
*Para saber cuál es la cancioncilla tendrás que ir a los Viernes creativos de Fernando Vicente













