Marimar falleció el día que entró en la facultad de comunicación y comenzaron a llamarle Mar. Solo familiares y algunos amigos recuerdan aquella niña de gafas de pasta y coletas despeinadas.
Mar se convirtió en voz y dejó tras de sí horas de radio perdidas en el aire de las ondas herzianas. La voz se hizo palabra escrita y nació Puck, pequeño batracio que habita charcas y jardines.
Mar y Puck convivieron pacíficamente un tiempo indefinido, indeterminado, quizás detenido. Sin venir a cuento, un día chocaron, se enfrentaron y, aunque declararon la batalla en tablas, nadie ha vuelto a saber de ellas.
Quizás descansen en paz y por ello ruego una oración.
Quizás sigan vagando entre las plantas de estos jardines.
Si las encuentran, indíquenles el camino de vuelta.