| Exposición de Carazo en Burgos |
Nunca tuvo cuadernos ni pinturas. No sabe escribir. Marcelino es un hombre de los de antes. Rudo, callado. Un día su hija le llevó a un museo. Miró los cuadros uno a uno. Despacio. En silencio. Paisajes, bodegones, retratos. No dijo nada. De nuevo en casa, sentado bajo el manzano, mira a su nieta recoger flores. Escucha los pájaros mientras, en el horizonte verde, se pone el Sol. Marcelino observa. Recuerda las explicaciones sobre el arte y sonríe.
