"En un triángulo rectángulo...". Odio las matemáticas, los números y ese Pitágoras del último examen que me dejó castigado incluso el sábado. Sentado en la mesa de la cocina repito como un loro, "en un triángulo rectángulo...". Con práctica he conseguido recitar en alto mientras pienso en otra cosa y hago música con el bolígrafo sobre el estuche metálico. Los pasos de mi madre me sobresaltan. Con un rápido movimiento consigo esconder la revista que asoma entre las páginas del libro. No lo ha visto. No lo ha visto. No lo ha visto. Respiro y sigo. "En un triángulo rectángulo...".