
Una caja, dos cajas, tres cajas. Una bolsa, dos maletas, tres montones de cosas. Tú te llevas los vinilos de los Beatles, yo las guías de viajes y repartimos los tarros que ocultábamos en el desván. Tu abogado llegó a esgrimir en el juicio que no tengo oído musical. El mío se negó a llevar a cabo mi desistimiento y peleó por cada uno de aquellos paquetes almacenados ahora en el garaje. Con tanto trajín, en la mudanza perdimos nuestra canción, las notas que nos dejábamos en las páginas de los libros, las fotos junto al mar y un ojo de la colección que puede traernos problemas. Si sacan su ADN acabarán dando con nosotros.
¡Me gusta, Puck! Me gusta porque retrata la realidad de muchas separaciones con ese giro final que lo retuerce todo.
ResponderEliminarMis aplausos.
Un abrazo,
Pedro, gracias
EliminarMuy bueno, muy real, muy bien narrado.
ResponderEliminar(Quiero esos vinilos)
Un abrazo.
CDG, te puedes llevar todos menos los de Sabina (bueno, y los de Mecano, estos sí los tengo en vinilo... ainsss... todos tenemos un pasado)
Eliminarsaludillos
Puck, mala cosa es cuando se debe elegir el contenido de una caja o de otra, y peor aún, cuando ello es signo de una separación. Los recuerdos entonces ni son de uno ni de otro. Se rompen.
ResponderEliminarMe ha recordado este microrrelato a la canción de "Ella baila sola" cuyo titulo es "Cómo repartimos los amigos".
Excelente como has insertado las palabras obligadas.
Abrazos.
Nicolás, no os preocupáis nadie por el ojo??? mmmm... esto me da que pensar...
Eliminarsaludillos
Final inquietante que nos hace pensar si en este caso el divorcio sacó lo peor de ellos.
ResponderEliminarMe ha encantado, vaya manera de meter las palabras, original y con maestría.
ResponderEliminarEnhorabuena.