Doña Sonsoles no conoció el mar hasta su 73 cumpleaños. La llevaron sus nietos, los mismos que de pequeños metían petardos en las macetas y elegían campeón al que escupía más lejos. Ella les persiguió en más de una ocasión con la zapatilla en la mano, pero ahora no pensaba correr. Habían pasado los años. Nadie consiguió que se pusiera unas chanclas. Con sus zapatillas negras, como las medias, la falda y la chaquetilla de punto que tampoco quiso quitarse, Doña Sonsoles comenzó a caminar sobre la arena apoyada en su bastón. A su espalda, amparados en su sordera, los nietos hacen apuestas sobre el impacto de la visión en el frágil corazón de la abuela. El único hijo del primogénito, que es abogado, asegura que con una muerte natural no hay investigación.
Me ha gustado mucho. Hay muchas imágenes, las travesuras, las macetas y escupitajos, la viejita (como mi abuela, el giro final.
ResponderEliminarNo ha sido seleccionado??? No??? A los abogados no les gustan los micros de abogados un poco, solo un poco, asesinos.
Luisa, será eso. No importa. Seguiré intentándolo que me gusta el reto del concurso
EliminarLas abuelas son los espejos cronológicamente invertidos de algunas de sus nietas, lo mismo que piensan las latas de atún de los propios atunes.
ResponderEliminarLa Boca del Ello
Anónimo, bienvenido a los jardines.
EliminarUna imagen muy realista la de esa abuela rural.
ResponderEliminarEl final del micro es, cuanto menos, inquietante.
Un beso, Puck.
MJ, no tengo esa imagen de mi abuela pero si de otras en el mar y siempre me impresiona
EliminarPuck, es un relato tierno por esa imagen de la abuela que por primera vez está junto al mar. Como la dibujaste me recordó a mi abuela, que la recuerdo en la playa con su bata negra. El final le da un giro radical y abre tantas posibilidades que lo convierte en grande.
ResponderEliminarBuen micro.
Abrazos.
Nicolás, gracias por tus palabras.
EliminarMuy bueno, Puck!!! Yo creo que se ha dejado las chanclas para no morir descalza.
ResponderEliminarMe ha pasado lo mismo que a Nicolás. Mi nona, nacida en el 15, iba con batón de luto eterno a la playa y se quedaba mirando el mar desde la orilla con la fascinación de quién ha nacido entre montañas...
Me encantó. Saludos van
Sandra, es una imagen que me ha sorprendido siempre y me pregunto qué pensarán ellas, por primera vez, ante el mar
EliminarQué bien escribes, Puck. Otro de esos que me gustaría haber escrito a mí. Desde la escena, muy bien escrita, sobre la abuela que por primera vez va a ver el mar, hasta el golpe final e inquietante, pasando por las apuestas de los nietos.
ResponderEliminarUn relato redondo. E inabarcable, como el mar.
Un abrazo.
CDG, me sonrojas. Gracias
EliminarQue maja es la familia eh?
ResponderEliminarJoder...
Besos.
Toro, jajaja... cría cuervos...
EliminarCría cuervos... Pero igual se llevan una sorpresa. Lo que más impulsa a vivir son las nuevas ilusiones.
ResponderEliminarCybr, eso, eso.. yo también creo que no tiene ganas de morirse
EliminarVaya palo que nos das a los lectores con ese final. Mira que todo transcurre con un corazón tierno de travesuras infantiles de esos nietos. Y esa simpática abuela negra como la época. Menos mal que aclaras que es abogado, eso hace más creíble todo esta historia dramática. Venga, espero que la abuela les sobreviva.
ResponderEliminarXimens, lo de abogado es por el concurso pero creo que le da un toque jeje
Eliminar¡Qué final! parecía todo tan tierno, tan bonito y no, para nada.
ResponderEliminarMuy bueno.
Besitos
Y todos creyendo que iban a hacer feliz a la abuela! No saben que el corazón de una mujer de esos tiempos, lo resiste todo
ResponderEliminarPor cierto, la foto es de La Palma... ¿Qué tal con nuestras amigas palmeras? Besos
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