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Fernando Vicente, De Propio |
El día que se prometieron, Marcos le regaló un tarro y un ramo de margaritas. Cada noche, María metía un pétalo por cada te quiero. Pasado un tiempo, metía también uno por cada enfado. El tarro se va llenando de alegrías y sinsabores. Lleva días pensándolo. Cuando se llene, le preparará una infusión. Depende del pétalo que colme el vaso, será con cianuro o no.
Depende todo del último pétalo?? No parece muy justo. ¿No sería mejor que tuviese en cuenta todos los pétalos guardados?
ResponderEliminarNo sabía ese poder de las margaritas... pero sí conocía los sinsabores del amor ;)
ResponderEliminarUn abracito sin cianuro
La vida es eso.
ResponderEliminarMe gusta esa comparativa, Mar. Esos sinsabores y disgustos que se convierten en cianuro...
ResponderEliminarBesos como pétalos de "te quiero" para ti.
Mar, me alegro de la forto te sugiriese un relato. Estoy con Luisa, es como jugarse todo el curso en el examen de junio ;)
ResponderEliminarEn todo caso, me ha gustado mucho,
Luisa, Fer, la verdad es que esa era precisamente la idea que quería captar. Cuando se deshoja la margarita se juega todo al último pétalo, - me quiere o no me quiere - No es justo, es azar o, según algunos, destino
EliminarAbrazos a repartir
Genial. Sin palabras. Ese tarro no sé si maldad o bondad, pero imaginación sí ha desbordado al leerte.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muy bueno. Al fin y al cabo el amor es un poco un juego de sumas y restas. Hay una leyenda urbana que dice algo así como que si el primer año metes una moneda en un bote cada vez que haces el amor y a partir del segundo sacas una cada vez que lo haces, el bote nunca se quedará dinero.
ResponderEliminarUn placer volver por aquí
Muy bueno Mar, cianuro o manzanilla. Creo que Marcos no se dio cuenta de dónde se había metido regalándole margaritas... Pero en el azar del juego de la margarita jugamos al 50%, en este caso, ¿no sería más equitativo contar lo pétalos amados y los petalos de sinsabores?
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