NO IMPORTA SI NO CONOCES AL MICRORRELATISTA
(hoy puedes remediarlo),
PERO SI LO CONOCES SABRÉ QUE TÚ TAMBIÉN LO ERES,
LEES Y ESCRIBES,
EN DEFINITIVA, NOS SENTIREMOS MÁS ACOMPAÑADOS
Desconozco quien dijo eso de "Nada nuevo bajo el Sol", seguramente es cierto, lo que no sabía su autor es que, bajo la luna, todo es nuevo. Los perros son encantadores, yo diría que encantados, los cíclopes van a la peluquería y los bargueños no tienen fondo. Bajo la luna, Torcuato juega con las historias, es un genio en menos de 140 palabras y, aunque sean más, te atrapa hasta el final de sus textos.
No te amenaza con una soga si no dejas comentarios, pero ten cuidado, cuentan las malas lenguas que cuando no tiene palabras suficientes colecciona miradas. Tiene ya casi 300 guardadas en la guarida de el Microrrelatista y quien va a buscarlas se queda hipnotizado, atrapado por la magia, por la plácida sonoridad que se escucha de fondo, y además de mirar, cuando te invita, no puedes evitar dejar en sus rincones unas palabras.
Mi perro es encantador
Tengo un perro muy gracioso y bonico. Esta mañana me ha despertado pegándome tirones de la pata del pijama. Me ha llevado hasta el salón para enseñarme que además de saber hacer pipí y caca en la calle, lo sabe hacer dentro de la casa. No lo he castigado, ¿como iba a hacerlo?, se ha puesto de pie sobre sus patas de atrás, dando saltitos alrededor mío y moviendo la cola alegremente, me he limitado a limpiarlo todo y a vestirme. Mientras paseábamos lo observaba, dándome cuenta de que no paraba de vaciarse por aquí y por allí. Una y otra vez levantaba la pata o hacía la típica postura de descarga. Ha seguido, dale que te pego hasta parecer que iba menguando de tamaño. En efecto, ha llegado un momento en que era tan pequeño como un gorrión, pero sin alas ni pico. Y al instante ya era como un escarabajito peludo. No hacía guau, sino güi, güi. Entonces, he puesto la mano en el suelo para que subiera en la palma y así evitar perderlo de vista. Lo he mirado y ha empezado a resultarme una ricura, más que de costumbre. Un impulso irrefrenable ha hecho que me lo metiera en la boca. Antes de pegar la primera masticada se ha deshecho con el contacto de mi saliva.
Sacándose partido.
Recórtame el flequillo, que luzca bien lo más bonito de mi rostro, dijo el cíclope.
Ropa mojada.
Pondré la ropa a secar cerca de la estufa en cuanto consiga desatar este nudo que me aferra al pedrusco.
Epitafio de bloguero.
Gracias por comentar.
El coleccionista de miradas.
Amaba su colección. Todas las mañanas, después de desayunar, entraba en el gran salón donde la tenía expuesta, y paseaba lentamente la vista por los frasquitos. Los ojos azules, pardos, grises, verdes, lo miraban desde dentro del formol y le recordaban el cazador en que se convertía al caer la noche, el que salía buscando presas a las que arrancar sus miradas con maestría de cirujano. Los policías lo encontraron muerto en la sala de la macabra exposición. Al leer en voz alta la nota que sujetaba, miraron al fondo, al lugar privilegiado donde estaba el gran frasco, vacío, como las cuencas de sus ojos.
El bargueño
La herencia de mi tía ha consistido en esta enorme mansión con todos sus muebles y enseres. Por supuesto ya me he desecho de ellos y les he sacado un buen dinero ya que eran antiguos y de maderas nobles. Aún me queda este trasto, creo que se llama bargueño. Es muy bonito, lleno de columnas, arcos y cajoncitos ocultos. Seguro que lo venderé bien a algún coleccionista. Pero ahora lo principal es salir, llevo rato inspeccionando sus distintas estancias secretas y me he perdido dentro. Hace un instante oí a mi tía allá afuera, su risa de bruja rebotó en las paredes vacías.
